MUSICA:
ENTREVISTA CON FLAVIO CIANCIARULO
"Soy lo opuesto a Vicentico"
Acaba de sacar "Cachivache!", su tercer disco solista, en el que profundiza la
murga porteña y otros ritmos rioplatenses. Aquí habla de sus cambios internos y
de, claro, la murga de su barrio.

Si se piensa que este gordo simpático y cubierto de tatuajes
fue una de las cabezas de la banda local con más penetración en el extranjero
(con la que se cansó de vender discos acá, allá y en todos lados) y que compuso
el tema que mejor definía lo que los yanquis llamaron "rock latino" (Matador)...
Si se tiene en cuenta todo eso, entonces, la humildad de Flavio Cianciarulo
resulta pasmosa. Mientras Astor, su hijo mayor, corretea por los pasillos del
Estudio El Santito —base de operaciones del productor Afo Verde—, el ex colíder
de Los Fabulosos Cadillacs habla y analiza Cachivache!, su tercer lanzamiento en
solitario.
Repasando: en 1997, cuando todavía estaba en los Cadillacs,
Flavio editó Peso argento con el siempre polémico Ricardo Iorio. Tras la
fractura del grupo, Cianciarulo se fue vivir a México, donde se casó y formó una
familia. En 2001 sacó Flavio, solo, viejo y peludo, y el año pasado vio la luz
El marplatense, un disco que había grabado casi consecutivamente al anterior.
Este CD era tan personal que a Flavio le resultó imposible conseguir quien se lo
editara... hasta que se volvió a encontrar con Afo Verde.
Ahora, y luego de un proceso interno que lo llevó a asumir
con naturalidad su liderazgo, Flavio se puso al frente de La Mandinga, un grupo
de siete músicos que se internan en los senderos de la murga, el candombe beat y
el tango candombe, además de volver a sus viejos amores, el reggae y el ska.
¿Cómo llega tu fascinación con la música uruguaya?
Para explicar eso tendría que volver un poco más atrás, a
cuando estábamos de gira por Latinoamérica con los Cadillacs. Una vez, en Puerto
Rico, vimos a la orquesta del hotel tocando salsa. Te puedo asegurar que era
increíble, no sólo como tocaban esos tipos, sino lo que despertaban en la gente.
Y alrededor estaban los habitués, gente generalmente mayor que simplemente iba a
bailar. ¡Y no sabés qué alegría te daba ver a esa gente disfrutando de esa
manera! A esta altura, ya casi te diría (y sé que es una barbaridad, pero lo
siento así) que la música sin tambores me aburre. Necesito la percusión, el
cuero, el baile. Más o menos así fue que llegué a la música uruguaya.
¿Creés que tus discos tienen sonido retro o setentista?
No, pero tampoco es la primera vez que me lo dicen.
Probablemente, como a mí me gustan cosas de esa época, el sonido termine
remitiendo a eso, pero no es mi intención. Viste que, como músico, uno termina
siendo una conjunción de las cosas que escucha. Pero por esta cuestión es que en
este disco hay un scratcher (ruidista de bandejas giradiscos), que le da a toda
la cosa una onda un poco más moderna.
Aunque no es formalmente percusión, el scratch funciona de
esa manera...
Totalmente. Es parte de mi gusto por lo percusivo: en la
banda hay, además del baterista, tres percusionistas. Y lo que me gusta es cómo
funciona la formación percusión+bandeja. Y ojo que ya sé que no es nada nuevo.
Hay varios artistas que lo hicieron. Yo no lo hago por vanguardista sino por
puro gusto.
En tus discos hacés una suerte de culto a la desprolijidad.
¿Por qué decidiste que Afo te produjera cuando él se caracteriza por todo lo
contrario?
Además de que considero que es un gran productor, a Afo me
une una gran amistad. Y aunque hizo discos que están mal vistos por la ortodoxia
rockera, yo fui a buscar al Afo que grabó Maderita, de Los Visitantes, o el
disco de Teresa Parodi, en el que grabé un par de contrabajos. Además, aunque es
cierto que sus discos son re prolijos, en ningún momento intentó....
descremarme.
¿Cómo seleccionaste las canciones de "Cachivache!"?
Como los fotógrafos, que sacan seis rollos para quedarse con
tres fotos, o como Andrés (Calamaro), creo que la calidad está en la cantidad.
Hice casi cuarenta canciones y se las di a Afo para que él las eligiera. Y le
avisé que no tenía una ligazón sentimental particular con ninguna. Porque todas
son parte mía por igual, así que ya le voy a encontrar la vuelta para editar las
que quedaron afuera. Pero salir, van a salir.
Tras su alejamiento de los Cadillacs, Flavio atravesó varias
etapas: primero editó Flavio, solo, viejo y peludo bajo el nombre de Flavio
Calaveralma Trío. En El marplatense se escondió tras Calaveralma, entonces
devenido quinteto, y sin poner su nombre al frente. Ahora, Cachivache! sale bajo
las alas de Flavio y la Mandinga. Además dejó de lado su intrumento, el bajo,
para hacerse cargo de la guitarra. "Yo sé que no soy un player y que soy muy
limitado, pero tocar el bajo y cantar no es lo ideal. Aunque a Sting le sale
maravillosamente bien. Pero empecé a tocar la viola cuando me asumí como
cantante", cuenta.
Otro de los factores que contribuyeron al enamoramiento de
Flavio con la murga fue la cercanía. "Estaba pasando una época de desencuentro
conmigo, con mi alma. Y cuando uno anda mal con uno, mal se relaciona. Así que
estaba peligrosamente de la depresión aguda cuando, de a poco, me fui acercando
a la murga de mi barrio. Yo los veía ensayar siempre, en la plaza. Los miraba
tocar y después en casa, con mi bombito, les robaba los toques. Primero entró
Astor, y le hicieron lugar, y después me fui metiendo yo. Y aprendo, eh, los
pibes me enseñan. Así salí de mi depresión: no te puedo explicar la alegría que
sentí cuando participé del corso, con mi bombo y mi levita".
¿Qué te pasa con la cumbia?
Me interesa mucho. En Monterrey hay toda una escena de cumbia
colombiana muy interesante. Sobre todo un tipo que se llama Celso Piña, que me
gusta muchísimo. De la cumbia de acá, me interesa lo que menos le ha llamado la
atención a la mayoría: el ritmo. Yo no podría escribir "cumbia villera" porque
eso escapa a mi realidad. En todo caso, lo mío sería "cumbia residencial".
Sergio Rotman (ex Cadillac, ahora en Mimi Maura) siempre me dice "Loco, ¿dónde
están esos productores?", porque te juro que los discos suenan increíbles,
aunque yo les agregaría un poco de percusión.
En algún momento dijiste que te gustaría que tu música
llegue a los grandes festivales. Evidentemente lo lograste, porque ahora vas
estar en el Quilmes Rock...
¿Eso dije? (se ríe). No hay caso, eh, nadie resiste un
archivo. Voy a hacer algo peor que contradecirme: me voy a ignorar, porque la
verdad es que no me acuerdo. Pero es probable que sí, que este disco, con
canciones más redonditas, sea más accesible que las otras cosas que hice antes.
Lo que quiero es que la gente baile.
¿Y si no bailan?
Estaré extraviado otra vez, y me meteré de nuevo en la murga
hasta que se me levante el ánimo. (Risas)
Entre los proyectos que tiene, y aunque le da un poco de
vergüeza hablar del tema, Flavio lleva un tiempo preparando un libro. "Son
antipoemas. Les digo así porque, siendo lector habitual, me daría muchísima
vergüenza decir que escribo poesía. Empecé convenciéndome a mí de que serían
letras de canciones incabadas. Ahora tengo esas letras, más algunos cuentos...
En algún momento me gustaría animarme a cometer la caradurez de mostrarlos. Le
voy a poner Rocanrol, canciones sin música".
En medio de los tiempos de bonanza, Flavio tuvo que lidiar
con lo inevitable: su padre falleció hace diez días. Cianciarulo explica que
"más allá de lo horrible de la situación, hice un balance que me enseñó a no
estar tan pen diente de las críticas. Antes, una mala crítica me destrozaba.
Después pasé por una etapa de rencores. Ahora no estoy tan pendiente de los
demás. Me chupan un huevo todos".
¿Por qué decidiste incluir "Contrabando y traición", de
Los Tigres del Norte, en un disco casi exclusivamente rioplatense?
Por un lado, está la ligazón que tengo con mi esposa, que es
de allá. Por otro, me sirvió justamente para darle otros aires al disco. Pero
también es parte de mi personalidad: soy un disfrutador crónico de la música.
¿Sos de comprar muchos discos?
Era, ahora ya no tanto. Lo que me estimula es la variedad.
Por ejemplo, me encanta Goyeneche, pero con todo lo que me apasiona el tango, no
podría pasarme todo un día embebido en tango. En casa tengo un CD player con
doce bandejas, y lo que más me gusta es el random (función de reproducción
aleatoria): pasar del Polaco a Ice-T, de ahí a Celso Piña y su Ronda Bogotá, de
ahí a Marley y de ahí a Massive Attack. Tal vez por eso sean tan desparejos mis
discos, porque así como me gusta escuchar de todo, también me gusta hacerlo.
Eso se notaba mucho es los Cadillacs.
Sí, yo fui responsable de gran parte de los timonazos de los
Cadillacs, pero siempre renegaba de la etapa anterior. Ahora tiendo más a
integrar lo más nuevo con lo anterior. Ahora me pasa que por fin puedo escuchar
Bares y fondas y disfrutarlo. Antes no me lo permitía, porque la banda éramos
muy Gaby (sus amigos le dicen así a Vicentico, nacido Gabriel Frenández Capello)
y yo.
¿Cómo fue tu reencuentro con Vicentico sobre un escenario,
en su concierto del Luna Park?
Maravilloso, tremendamente emotivo. Gaby es un intéprete
enorme, seguramente uno de mis cantantes favoritos. Además, cuando hicimos los
temas viejos me di cuenta de algo: soy fan total de de los Cadillacs, cosa que
antes me daba mucho pudor. ¿Cómo iba a ser fanático de mí mismo? En ese entonces
me parecía un despropósito. Pero está bueno mirar atrás y sentirte orgulloso de
algo que vos mismo construiste.
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Sus cantantes favoritos
Vicentico: "Gaby es uno de los tipos que más me conmueven, con toda su
emoción a flor de piel. Además, una cosa que me gusta muchísimo de él es que
está permanentemente envuelto como por una niebla, un halo de misterio. En ese
sentido, yo soy lo diametralmente opuesto a Vicentico: soy como me ves."
Ricardo Iorio: "Como Pappo, y en general como todos los grandes, terminó
trascendiendo el género que lo gestó. Estar en un asado y escucharlo cantar
tangos o temas de Rubén Patagonia acompañado por el Tano Marciello es
simplemente estremecedor."
Andrés Calamaro: "Ese sí que es un tipo que sabe hacer canciones. Mi
método para componer, de encontrar calidad en la cantidad, lo tomé de él. Si te
dedicás a esto, de entre sesenta canciones tenés que conseguir diez más o menos
decentes"
Palo Pandolfo: "Muy grosso, uno de los cantantes más viscerales que haya
tenido oportunidad de escuchar jamás. Tiene algo que seduce a través de sus
canciones, pero no seguro que es su voz. Es la manera en la que canta, sus
expresiones. Como si esto fuera poco, el tipo además es un verdadero poeta, por
supuesto."
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MUSICA: OPINION
Elogio del cachivache
Mariano del Mazo.
Rústica como su fisonomía, la música actual de Flavio Cianciarulo tiene una
dirección clara. Después de un confuso instante en que se enredó en el jazz rock
y el tango apiazzollado, está hurgando las raíces de lo popular con una
franqueza conmovedora. Su música es como sus letras: económica, directa. Es el
marco perfecto para coplas que se escuchan "al paso": Siempre la misma cantinela
/ siempre la misma canción / Todos tenemos agujeros / Algunos más, otros menos
(Agujeros), o la preciosa pinturita dedicada a su esposa mexicana: Me gusta ver
cuando venís / me gusta cuando te alejás / Voy pisando los cuarenta / Y que sean
muchos más / Los cachorros van creciendo / van creciendo super bien (...) Muero
con vos, qué swing que tenés.../ Una princesita azteca, un tanito fanfarrón / De
la mano por la vida / caminando con amor....
Este flamante Cachivache! lo encuentra más murguero que nunca
y quizá de ahí provenga su tendencia a la glosa popular. Radicado en Tigre,
Cianciarulo escribe sobre lo que ve: su mujer, sus hijos, el río Luján, la plaza
Cazón, Carupá, Virreyes. Sin filtros, casi haciendo una apología de la
desprolijidad, a ritmo de cumbia, cuarteto, milonga y hasta de narcocorrido (en
Contrabando y traición, de Los Tigres del Norte, único cover del CD), el
Cadillac se ríe de la intelligentsia de cada género: su desparpajo es total.
Cuando hacía jazz y su toque de bajo era el de un rockero medio no tenía
problema en mandarse con largos solos; tomó a Piazzolla casi con impunidad y,
ahora, se burla finamente de los murgueros en El toque porteño (el toque porteño
es así... canta y toca, repitiendo un viejo latiguillo de los murgueros
argentinos en su necesidad de diferenciarse de los uruguayos).
Flavio Cianciarulo es un hombre de pasiones: lo delata el
nombre de sus hijos —Astor (por Piazzolla) y Jaco (por Pastorius)— y sus
alternativos entusiasmos (el ska, Jara, Galeano, el rock progresivo, el
naturismo, etc., etc.). Cada pasión tiene su correspondencia artística. Flavio
siempre suena honesto. Ahora profundiza la línea rioplatense haciendo eje en la
murga porteña. Va a fondo.
Sus berretines musicales son los que conforman, finalmente,
su obsecada obra.
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Sup. Espectáculo de Clarín
Nota: Guillermo Boerr
Foto: Juan José Traverso