DISCOS: EL MARPLATENSE,
DE FLAVIO CIANCIARULO
Recuerdos de Mar del Plata
En su segundo CD solista, el cadillac vuelve a poner en foco —de un modo tan
honesto como desprolijo— sus pasiones musicales setentistas como el jazz rock y
el Piazzolla eléctrico.
Mariano del Mazo. DE LA REDACCION DE CLARIN.

Después de más de una década de estar juntos, cabeza a
cabeza, en Fabulosos Cadillacs, Flavio Cianciarulo es hoy el anti -Vicentico.
Mientras el cantante eligió para su disco debut Vicentico un arte de tapa
estilizado, casi de galán latino, y para su música una esmerada producción a
cargo de Afo Verde, Cianciarulo continúa la línea rústica y setentista de
Flavio, solo, viejo y peludo, su primer trabajo.
Nacido en Mar del Plata, Cianciarulo es un hombre de causas.
Pueden ser casi antagónicas, como la causa del ska y la latinoamericana, o
pasiones tardías, como el descubrimiento de Astor Piazzolla y Eduardo Mateo y
escritores como Ernesto Sabato y Eduardo Galeano. Estas pasiones fueron marcando
el pulso ideológico —y su correspondencia musical— de los Cadillacs.
El marplatense funciona casi como una maqueta del álbum
Fabulosos Calavera, el giro urbano, piazzolliano y bastante jazzero de los
Fabulosos, el CD "que iba a cambiar la historia del rock argentino", y no. Por
ahí anda el espíritu El marplatense: el viejo jazz rock (con el sonido
anacrónico del entrañable piano Rhodes, esos largos pasajes instrumentales), una
impronta tanguera y folclórica y una serie de domésticos homenajes: al Mateo de
Mateo solo bien se lame (en El marplatense, la canción), a Leo Maslíah (Los
trenes siempre vuelven), a Astor Piazzolla (Los inútiles), a Osvaldo Pugliese
(San Pugliese).
Hay temas que están buscando algo: el irresistible 11 chantas
con el que abre el disco, una especie de murga chamameceada, la buena Chacarera
del Gordo (de Gustavo Liamgot), Madre Sol, Padre Sal. Todas la canciones tienen
la marca de una premeditada desprolijidad. El trío que integra junto con José
Balé (batería y percusión) y Gustavo Liamgot (teclados, acordeón, charango) —de
hecho, el disco está firmado por Flavio Caraveralma Trío— prioriza frescura y
espontaneidad: no hay, en todo el álbum, un atisbo de pretensión o solemnidad.
Yendo y viniendo de México a Buenos Aires, Cianciarulo está
aprovechando el extendido parate de los Cadillacs para continuar desarrollando
los temas que lo obsesionan, aquí y ahora. Su estilo volcánico ancló en una
amplia estética rioplatense que dispara para todos lados: la murga, el candombe,
el tango, la zamba, la chacarera, el jazz rock, el jazz fusión. Con urgencia pop
y en una línea no tan lejana al modo de trabajar de un Litto Nebbia o un Andrés
Calamaro era Salmón, Flavio Cianciarulo decidió soslayar detalles de producción
para poner en foco sus cada vez más poderosos —y perdurables— berretines
musicales.