MUSICA: FLAVIO CIANCIARULO Y ARIEL MINIMAL Y SUS RESPECTIVAS CARRERAS SOLISTAS
La marcha de los golazos solitarios
El bajista y el guitarrista de los Cadillacs profundizan sus búsquedas
estéticas, que poco tienen que ver con lo que hacían en la banda. Ambos apuntan
a los años 70: Flavio, con su impronta rioplatense y jazzera; Ariel, a través
del rock progresivo. ¿Y los Cadillacs? Bien gracias.

Mariano del Mazo. DE LA REDACCION DE CLARIN.
Flavio Cianciarulo es un hombre de pasiones. De ahí que se profundice el
contraste de la respuesta que da —con naturalidad, sin fastidio—, ante la obvia
pero ineludible pregunta:
¿Qué pasa con los Fabulosos Cadillacs?
Si nos remitimos al presente, no pasa nada. Los Cadillacs hoy no existen. En
algún momento nos tenemos que juntar y hablar y considerar si el grupo es un
capítulo cerrado o no. A mí me gustaría que sigan. Conmigo o sin mí.
¿Sin vos? Hace poco vos y Vicentico comentaban que la banda les pertenecía,
que los Cadillacs eran vos y él...
Sí, pero ahora pienso otra cosa. Nadie es indispensable. A la distancia, me doy
cuenta de que tranquilamente pueden reemplazar al bajista.
Cuando se queda sin recursos para filmar, Leonardo Favio sale a cantar por
América latina a juntar plata. ¿Los Cadillacs no se convirtieron en una banda en
suspenso lista para salir a tocar y juntar dinero que solvente las carreras
solistas?
Humm... No.
En las antípodas del perfil internacional de la estética de Vicentico, el
superproducido debut del cantante Gabriel Fernández Capello, el bajista sacó su
primer disco hace dos años y después se radicó con su familia en Monterrey,
México. Flavio solo, viejo y peludo definió los intereses del músico a través de
una producción casera, ritmos rioplatenses y reverencias artísticas a varios de
sus ídolos: Spinetta, Eduardo Mateo, Cuchi Leguizamón, Norberto Minichilo.
Ahora, con algunas variantes, acaba de reincidir con El marplatense. Un dato
marca lo que Flavio concede como "una evidente desprolijidad": el flamante disco
no es tan flamante. Fue grabado hace dos años.
¿Qué pasó?
Lo grabé apenas después del anterior. En México anduve por todos lados con el
master bajo el brazo... Lo escuchaban y no entendían nada. No lo criticaban,
pero miraban con una cara... Si hubiese sacado un disco más... cadillac, hubiese
sido bien diferente. Al final lo escuchó Afo Verde, se copó y decidió sacarlo.
Es independiente pero licenciado para BMG.
El Marplatense remite directamente a la década del 70. Tiene un sonido que
recuerda a grupos como Jade o Raíces. ¿A qué se debe ese revival?
Me conecté con el Flavio de 14, 15 años. Yo era un voraz lector de Pelo, mi
cuarto está lleno de pósters de Kiss, de Jade, era fanático de Moris... Esto no
es un revival, es simplemente buscar un sonido que esté más cerca de nosotros.
¿Cómo "de nosotros"?
Mirá, lo único que me interesa ahora es que mis canciones tengan de algún u otro
modo sonidos y colores argentinos.
¿Qué te ocurrió entonces a comienzos de los 80? Acá estaba pasando, para
nombrarte dos músicos que te inspiran, Charly con Seru Giran y Piazzolla, y vos
te fuiste para el lado del ska y el rockabilly.
Bueno, las cosas llegan cuando tienen que llegar. Tuve un break en esos años que
hizo que mirara a Londres y me desconectara con aquel pibe que admiraba a Moris.
Soy apasionado, berretinero y hasta infantil, para qué negarlo. Ahora estoy
copado con la murga.
¿La uruguaya?
No, la argentina. Ahora tengo un quinteto. El grupo suena más eléctrico, nada
que ver con el disco. Nuestra intención es poder tocar... no sé, en Cosquín Rock.
Pero te repito, investigando la murga argentina. Siempre de manera hereje.
¿Cómo de manera hereje?
Nada de pureza. Quiero tocar lo que yo quiero y chau. A través de mi filtro. Mi
maestro zen Norberto Minichilo me dijo: Si pateás puertas te van a tirar a
cagar. Preparate, estudiá, practicá. Y en eso ando: estoy estudiando canto y
sigo dándole al bajo. Para mí es nueva esta faceta del intérprete. Me cuesta
mucho cantar. En esta etapa también rescato el tema de la composición. Yo antes
escribía para que cantara otro. Ahora, que lo mío lo canto yo, las canciones me
salen autorreferenciales.
¿Vicentico escuchó el disco?
No sé si se lo llevaron en la gira.
¿Cómo que no sabés?
No, no sé. De todos modos no me comentó nada.
¿Están distanciados?
No, para nada. Nos mandamos mails. Entre nosotros está todo más que bien. Somos
como hermanos.
¿Vos escuchaste el de él?
Sí, está bueno. Gaby es muy personal. Muy original a la hora de componer. Yo soy
más afanancio, más de casarme con las cosas. Ahora estoy muy entusiasmado en
cantar mis debilidades, quiero bucear en mi propia fragilidad.
A diferencia del camino que eligió Vicentico, tanto vos como Ariel Minimal
con el grupo Pez han optado por el perfil bajo y la independencia.
Cada uno hace lo que puede. Ariel me dijo que él es independiente a la fuerza...
y yo también. No me siento cómodo con la independencia, no la abrazo como causa.
Igual, por Dios, no me compares con Ariel. El es un genio. Pero un genio en
serio ¿eh? Tengo muchos amigos músicos, pero no de todos me interesa lo que
hacen. A Ariel lo admiro profundamente. Soy fanático del disco Quemado de Pez.
Evidentemente tenés capacidad para escribir éxitos ¿Por qué no hacés más hits?
¿No te salen?
Bueno, estoy en otra etapa. Yo creo que 11 chantas es un potencial hit.
Cianciarulo habla de 11 chantas y admite, sin ningún inconveniente, que es una
canción que "le debe mucho a Jaime Roos". Dice que no sabe dónde se va a radicar
definitivamente: por el momento, pendula entre la humedad del Tigre y la meseta
seca de Monterrey. Tiene puesta una gorra de lana que subraya el estereotipo de
gordo bueno que define su rostro. Destina largas frases en aclarar su fanatismo
por Spinetta. Entre ellas: "No me puedo considerar colega de ese tipo. Lo más
lejos que llegué es a ser alumno de su bajista, Javier Malosetti".
Para el final de la entrevista reserva una respuesta aún más modesta o sincera.
No es al menos notable que el autor de Matador haya deambulado dos años con un
disco bajo el brazo sin poder editarlo...
No. Es que más allá de los Fabulosos Cadillacs soy otra cosa. En definitiva, soy
un simple bajista. Eso, un tipo que toca el bajo. Y al que le gusta chapucear.
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Ariel Minimal: el eterno under
El porte es como de Superhijitus. Petiso y morrudo, los músculos tatuados (Batman,
Frank Zappa), las cejas tensas, los jeans sin rodillas: es una versión porteña
de su ídolo, el Rambo hardcore Henry Rollins. Según confiesa este hincha de
Huracán, se alimenta básicamente de empanadas y su hobby es jugar al fútbol
virtual en la Playstation con sus amigos, los Attaque 77 ("soy un nerd chabón",
define con una voz fina pero segura, que, grabada, recuerda al Porchetto más
joven). Es Ariel Minimal. Seguro que apenas lo conocen como el guitarrista de
los Cadillacs desde 1996.
El ya treintañero Ariel (Sanzo es el apellido de su padre y su hermano, el
radial "Bebe") irrumpió justo cuando Flavio y Vicentico dieron ese giro "piazzolliano"
que los alejó definitivamente del ska (pero no del "rock alterlatino") en
Fabulosos Calavera (97) y el sobresaliente La marcha del golazo solitario (99).
Sin embargo, Minimal ya tenía grabada una versión del tema Muralla china de don
Astor en un álbum que grabó con su banda Pez (Quemado, 1996).
Ariel ayudó a que se concretara ese retorno al proyecto inconcluso del 1976/7
progresivo argentino, aquél de cuando Piazzolla legitimaba el rock aporteñado de
Alas, Invisible y La máquina de hacer pájaros. Compruébenlo en discos de Pez
como Frágilinvencible (00), Convivencia Sagrada(01) o El sol detrás del sol
(02). En diciembre, Pez cumple una década y ya siete álbumes editados en su
sello Azione Artigianale (consultar http://www.pezapesta.com.ar).
Pocos saben de la existencia de una de las bandas de rock más intensas e
interesantes del under nacional. Entre los pocos, hay que contar a unos chicos
de Tierra del Fuego que formaron una banda que hace covers piscianos. Y cuando
surge la palabra "de culto", a Superhijitus le salta la mostaza. "Culto no me
gusta, me suena a gueto y eso implica puertas que se cierran", expele desde su
casa blanca de Boedo donde vive con su novia. "Yo aspiro a todo, pero no sé cuál
es la fórmula para llegar. Soy un pésimo comerciante de mis ideas y ni manager
tengo. Me ocupo de todo y es cansador. A veces me despierto y me pregunto: '¿Y
si me afeito y hago un video? ¿Tendré que saltar más en el escenario?' Sé que no
tengo mucho: soy fiel a mí mismo y trato de hacer las cosas bien. Te soy
sincero, a mí me encantaría llenar estadios. No tengo una banda de impacto
inmediato. A la larga, en treinta años puedo llegar a convencer. Creo en la
música que hago..."
Ariel viene de una larga militancia under desde los 80 y de cambiar de máscaras
rockeras según su capricho (fue metalero de chico, un punk adolescente con la
banda Descontrol; mod y beat en Los Minimals; onda Manchester con Martes Menta).
Hoy le molestan las comparaciones con el Spinetta de los 70. ("Pez no es el
Danger Four de Pescado Rabioso o Invisible", repite). Dice cargar la cruz de no
ser ni rock barrial ni pop. "Bueno, pop es imposible. No tengo imagen. Toco así
nomás, como estoy acá en casa. No me animo a vestirme de Nélida Lobato como
Dárgelos (Babasónicos)."
¿Te sentís muy alejado todavía de la idea vigente de rock?
Ya no estoy pendiente de la actualidad y no quiero hacer música juvenil como en
la época de Martes Menta que hable de "nosotros" y "ellos". Además, ¿cuál es la
"idea vigente de rock"? El rock actual es viejo. Bersuit o Los Piojos son grupos
que respeto por ser laburantes y hacen bien lo suyo, pero no están tan alejados
del modelo de Matador que es de mediados de los 90. Y de afuera, a White Stripes
ya lo escuché cuando era chiquito y se llamaban Los Cramps.
Además de confesar su fascinación por la forma de cantar de Juan Carlos
Baglietto o las búsquedas de Irakere, a Ariel le gustan los Phish —una especie
de Grateful Dead de ahora— y unos cordobeses polenta de nombre Sur Oculto Trío.
Bandas estas cuya preocupación es netamente intramusical. En un momento en que
los grupos argentinos se han convertido en un "lugar de pertenencia" para
adolescentes en plena crisis de representación y de inserción social, Pez apunta
al valor de la música antes que nada. "Por ahí el problema es que no tengo
banderas y que uso la música para exponer mi caos, sin mensaje generacional o
social ", suspira finalmente.
Mientras sus compañeros presentan sendos solistas ("De Vicentico esperaba algo
más crooner y Flavio es como yo: hace lo que se le pasa por su cabezota"), en
mayo hizo público en forma de compacto un nuevo proyecto bautizado Flopa, Manza,
Minimal. La resonancia con Crosby, Stills & Nash de estos tres sobrenombres
juntos no es vana. Se trata de un trío acústico a tres voces donde participan la
ex Mata Violeta, Barro y banda de Bochatón, Florencia Lestani y un amigo de
Ariel de toda la vida, y especialmente de Martes Menta, Mariano Esain (alias
Manzanita y líder de Menos que Cero). "Quería un remanso de la electricidad de
Pez, algo más inocente, simple y agradable. Es una reivindicación de la canción
lennonianabowiana. El germen es fogonero pero grabamos con Pro Tools. Cuando nos
enfurecemos, es punk para Flavia Palmiero."
En estos días, Ariel cranea el séptimo de Pez, al que por ahora llama
"Folclore". Explica: "Hace poco murió un tío mío muy querido y me vino una
nostalgia de los domingos en familia. Eso es el folclore para mí: llegar a los
30 y no rebelarse más de lo que te rebelabas a los 16".
PABLO SCHANTON
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Volver a los 70 y no morir en el intento
El segundo disco de Flavio está surcado por, como no podría tratarse de otra
manera en él, pasiones. Sus hijos, el tango, el jazz rock, la murga, el
folclore, son abordados por el bajista con su personal filtro. Así, la música
queda suspendida entre lo encantador de la vida doméstica y una desprolijidad
cercana a la maqueta. El álbum, comentado en este suplemento el pasado 14 de
mayo, muestra a Flavio cantando y llevando adelante un proyecto que tiene algo
de transición: aunque no se sabe claramente qué, Cianciarulo está buscando algo.
Su estilo volcánico ancló en una amplia estética rioplatense que dispara para
todos lados. Flavio no maneja el arte de la edición: su modo de trabajar se
emparenta más con la de un Litto Nebbia o un Andrés Calamaro era Salmón.
Muy diferente es el caso del nuevo disco de Ariel Minimal, cuidadosamente
artesanal. "Si supiéramos darnos manija en los medios, estaríamos sonando en La
Mega", asegura del álbum Flopa, Manza, Minimal donde figuran cuatro
composiciones de cada uno. En el disco, las voces de Ariel y Florencia Lestani
entran en una fusión coral donde ya no se sabe quién canta qué. Minimal aporta
dos de sus canciones más emotivas de su carrera, La voz del viento y El
Almaherida. La primera es una especie de samba. Mientras tanto, la segunda,
cuenta el autor, "está dedicada a mi tía Lina. Ella es una especie de medium que
logra cruzar el ancho mar de la muerte y comunicarse con los parientes
fallecidos". Debajo del álbum blanco es un irónico reproche de Flopa para un ex
que la enlistaba debajo de Los Beatles a la hora de enumerar favoritos. El
melancólico Manza se acerca a la canción de cuna (No más) y a la psicodelia para
pintar una viñeta tan íntima como callejera en Zig Zag donde incluso se oye una
radio AM y sintetizadores ominosos que demuestran el espíritu casero y a la vez
exploratorio del proyecto.
El disco remite a aquel Porsuigieco del 1976. Ahora bien, si carece de una pieza
tan trascendente como Quiero ver, quiero ser, quiero entrar de Charly García, es
cierto, tampoco hay una olvidable Mamá de Jimmy. La orquestación es de lo más
original: piano Rhodes, sintetizadores, acordeón, percusión, bajo y guitarras.
Una de las mejores colecciones de canciones en lo que va de este año. En él,
domina el pop nacional tal como se lo entendía en los 70, antes de que fuera
sinónimo de Virus y Soda Stereo. Recomendadísimo.
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(Extraído del Sup. Espectáculos de diario Clarín, Junio 2003)