ADIOS, CABALLO DE MADERA...

 

 

El verano ’90 encontró a los Cadillacs vendiendo muy pocas unidades de su reciente producción. Si bien habían tenido un poco de repercusión, el mal momento que atravesaba Argentina revirtió la situación.

 

“El verano fue un bajón –decía Vicentico-. Y también medio plomo porque las cosas se comenzaron a desarmar. Sufrimos mucho el hecho de no tocar. No sabemos qué hacer cuando no tocamos. Nos aburrimos porque al menos necesitamos estar ensayando. El país era un caos total, pero quizás nos hizo bien... Toda esa época oscura sirvió para aclarar algunas cosas mentalmente.” 

 

Se hablaba de crisis en los Cadillacs... a los cambios planteados a partir de la expulsión de Taranto se le sumó una triste noticia: en Julio de 1990 Luciano reune a sus compañeros en el bar Cláscia y moderna para contarles que se iba de la banda.

 

“Se veía venir –afirmaba Gaby-. Cometió una de sus locuras de siempre. Luciano fue y es un personaje muy importante para los Cadillacs y gran parte de lo que haremos ahora estará dedicado a su recuerdo, aunque sea inconscientemente, porque durante mucho tiempo vamos a estar hablando o pensando en él.”

 

El aspecto musical no era prioritario: la percusión y el rap era lo de menos... ¿cómo solucionaban la ausencia del gran amigo?

 

“El rap se soluciona muy rápidamente –proseguía-. Lo más problemático es la falta de Luciano como persona. Hacer el famoso duelo. Siempre nos va a faltar.”

 

Sin dudas era el integrante con más presencia. Incluso en la última época se había diferenciado de sus compañeros a través de su ‘look rapper’. Era el Cadillac más pintón, el más joven, el más perseguido por las grouppies. Además, los fans también lo admiraban: había cosechado una pequeña legión de adeptos que se vestían a imagen y semejanza, portando el inmenso colgante de Mercedes Benz cuando transitaban recitales y programas de TV siguiendo a sus ídolos.

 

“Era la estrella de la banda. –dice Flavio-. Lindo, carismático, preocupado por la pilcha. Le decíamos Madonna.”

 

 

Una de las razones de la partida de Luciano era que estaba demasiado entusiasmado con el rap, pero sus compañeros de equipo tomaban otro rumbo musical. Además, por su personalidad inquieta y ambiciosa, buscaba el constante ascenso, el estrellato, y tal vez ya no le resultaba eficaz el hecho de compartir cartel con ocho personas.

 

Ya se sabe que la situación no era la misma que meses atrás: venían de pegar muy fuerte, de concretar todos sus proyectos de manera meteórica, pero ahora no tenían otra alternativa que tocar menos y armarse de paciencia.

 

Luciano no se bancó el panorama, y aceptó el ofrecimiento de su suegro, el cantante popular Leo Dan (el de ‘Libre, solterito y sin nadie’... ¿se acuerdan?), de ir a vivir a Los Angeles.

 

“El era muy exitista –recuerda Gaby-. Y decía que la banda estaba en decadencia, que había que cambiar. El estaba muy pegado al rap y tenía la mente en otra cosa. No sé, nunca quedó muy claro. Era amigo, pero se fue a vivir a los Estados Unidos. Nos dio mucha tristeza.”

 

Sin embargo, su alejamiento ayudó a fortalecer el rol de cada uno de los integrantes, como sostiene Vicentico:

 

“Fue triste. Nosotros también estábamos preocupados por el rumbo del grupo. Pero se fue Luciano y se fue Taranto, el manager, y quedó claro quiénes eran los dueños de los Fabulosos Cadillacs.”

 

Todos lo recuerdan con cariño. En su memoria Gaby le escribió ‘Tanto como un dios’ y Flavio hizo lo propio con ‘Caballo de madera’, dos canciones conocidas por todos... 

 

 

VITO RIVELLI

Mayo 2003