MUSICA :
ENTREVISTA EXCLUSIVA A VICENTICO
"Busqué desarrollarme
como un cantante popular"
El martes saldrá su tercer disco como solista, "Los pájaros". Dice reivindicar las "canciones fáciles". Fan confeso de Alejandro Sanz, Raphael y Roberto Carlos, en su álbum participa su hijo Florián. Con su esposa, Valeria Bertuccelli, esperan otro varón para febrero.

FAN CONFESO A Vicentico le gustan Roberto Carlos, Alejandro Sanz,
Raphael... "Arjona es un genio... hay que hacerle una canción a la
menstruación", se admira.(Leo Vaca)
Por qué "Los Pájaros"?
No sé bien qué decirte... Porque me gusta el nombre... Si doy alguna explicación
más, la voy a embarrar. Me copan los pájaros... Qué te puedo decir.
Es la primera entrevista que da a propósito del lanzamiento de su tercer disco
solista —aparece el martes—, y a Vicentico le cuesta arrancar. Enseguida repite
"la estoy embarrando", y a un "no es muy explicativo lo que digo", le sigue un
"ni siquiera es cierto esto que estoy diciendo", y un "ya estoy jugadísimo con
lo que vas a poner", hasta el colmo: "Te estás aburriendo, estás pensando esta
nota de domingo va a ser un plomo". Ni jugar de local lo ampara de la
desconfianza al grabador encendido, y eso que en el estudio —un PH reciclado en
Villa Ortúzar— sobran íconos protectores: religiosos (un buda, una virgen, una
estampita de San Cayetano) y paganos (unas calcomanías de Superman, un Batman
manco). Sobre el escritorio hay tres paquetes de cigarrillos vacíos y un cuarto
a punto de terminarse; en uno de los monitores de las consolas de sonido
aparecen las diez canciones del disco, y en el otro, las probables influencias:
Rubén Blades, Héctor Lavoe, Jerry Rivera, Eddie Santiago; autores caribeños y
centroamericanos de canciones bailables.
De a poco, Vicentico empieza a relajarse y a fluir. Y a contar: "Me planteé
hacer tres discos de canciones. Las mejores que pudiera, pero con una estrofa,
un puente y un estribillo; fáciles. Este es el más bailable de todos. Y quizás
sea el final de un modo de componer. Hasta ahora, busqué desarrollarme como un
cantante popular, de canciones fáciles. Por ahí me fui al carajo: cuando salió
mi primer disco, hice una nota con una radio chilena; alla me conocían como un
artista netamente del rock, y el de la radio me tiró muy mala onda. Como
diciendo ¿qué pasó?"
Algo así como "te vendiste".
Claro: te vendiste, transaste. Pero me cayó bien que se notara una decisión de
algo distinto. Y ahora ese aspecto, melódico, está más desarrollado. Ya no es un
riesgo que digan "transó": esto (pone una de las canciones del disco) era a lo
que quería llegar.
No tenés miedo a que te digan "grasa".
Al contrario: lo espero con ansiedad.
En una época en la que está de moda reivindicar a Roberto Carlos, Nino Bravo,
Raphael, él jura que su amor por esos cantantes es "en serio" y trasciende
snobismos. Dice que el estilo de Alejandro Sanz le "encanta" y que Ricardo
Arjona es "un genio, un Dios, ¡cómo le va cantar a la menstruación!". Y dispara:
"Hay una ideología estúpida sobre la música. Es increíble lo encerrados y
duritos que estamos, lo poco divertidos, lo poco que jugamos... Ninguno de
nosotros es Bach ni Ravel; somos flacos que hacemos canciones, no más que eso.
Tengo claro que esto de la carrera es un juego. Que es lindo jugar si uno no
está enrollado con el qué dirán o con la especulación de vender o no.
Humildemente, ya llevo veintipico años haciendo esto. Ya en los últimos tiempos
de los Cadillacs nos dábamos el lujo de hacer lo que queríamos. Y ahora que
estoy solo, tengo aun más libertad". Su objetivo es claro: "Quiero que la
primera vez que alguien escuche mis canciones sienta que ya las conoce de algún
lado. Eso es la música popular: escribir, con pocos acordes, melodías nuevas
pero súper reconocibles".
A no confundirse: Vicentico no se convirtió en un ser leve, y sus canciones lo
confirman. "Tienen su oscuridad, sí. Yo no soy una persona alegre: desde que
empecé a componer, nunca pude hacer algo optimista, feliz. Es una tristeza
profunda, la misma tristeza que subyace a la vida. Aquello de la vida es una
herida absurda". Cita tangos, o a cantantes melódicos, de cumbia o salsa: pese a
cierta imagen (jeans rotos, borceguíes, desaliño general), podría decirse que
Gabriel Fernández Capello es la menos rockera de las figuras del rock nacional.
El no está muy de acuerdo: "Yo soy un músico netamente de rock y me encanta
rockear; Neil Young me vuelve loco. Pero también me gusta cantar canciones. Sí
estoy alejado de, por ejemplo, grupos como La Renga. Aun con temas buenísimos,
ese tipo de rock no me entretiene ni me emociona. Tampoco siento la energía de
un power trío. Después de Los Redondos, no hubo nadie de esa calidad".
Decís que seguís siendo rockero, pero después de "Los
rayos" declaraste: "Quiero entrar a un lugar donde antes no estaba". ¿Cuál era
ese lugar?
El de hacer canciones que le gustaran a una señora, y a la vez seguir siendo
quien soy.
En una época decías que eras vago para componer, pero
desde el 2002 venís a un ritmo de un disco cada dos años.
Me equivocaba. Nadie es vago: atrás de la vagancia se esconden otras cosas. Lo
que me pasaba era que no sabía cómo hacer para escribir más. Este es un oficio
que se desarrolla con el tiempo: tengo 42 años, pero aprendí la mayor parte en
los últimos diez. Hasta los 30, me divertía ser el cantante de una banda de rock
y hacer algunas canciones; todo era más rápido.
Esa vagancia escondía miedo.
Todos tenemos adentro a una voz que opina constantemente: el poder callarla es
importante. Supongo que son los años de vivir: ya no me importa tanto lo que
diga mi cabezota sobre una canción. Confío más en lo que me sale naturalmente,
sin ninguna pose.
Al Bahiano, Iván Noble o incluso Cerati, les costó abrirse
camino como solistas. Vos te libraste de ese problema con aparente facilidad.
¿Cómo lo lograste?
Si después de haber tocado en una banda como los Cadillacs, que vendió millones
de discos, ganó mucha plata y viajó por todo el mundo, algo se te hace difícil,
es porque sos un nabo. Además, cantar y hacer discos no es lo más importante de
mi vida. Mucho más importante es mi familia, mi tranquilidad, mis vacaciones.
Gracias al trabajo sostenés a tu familia.
Económicamente, sí: por suerte me va genial con la mosca. Pero esa no es la
verdadera cuestión: el tema es ser feliz de otro modo. La plata no es un tema
para mí. Ni ahora que la tengo, ni antes.
Quizás no te preocupa porque no la necesitás.
No, pasa por otro lado. Además, yo no puedo darme el lujo de dejar de laburar, o
dedicarme sólo a grabar discos y tocar cuando quiera. Tengo que tocar. Y hay un
momento en que las giras te cansan, como todo trabajo.
Es extraño que una pareja entre un cantante de rock y una
actriz (Valeria Bertuccelli) dure tanto. ¿Te sorprende?
No. Desde afuera, uno puede decir qué lío. Pero es lo contrario, porque tenemos
la misma idea sobre la vida. Justo dimos el uno con el otro y, por ahora,
vivimos una felicidad total. No necesito nada más que a mi mujer. Yo puedo hacer
lo que hago porque tengo la mujer que tengo, el hijo que tengo... Y también el
que voy a tener, salvo que sea un bardero (risas).
¿En qué va a cambiar tu vida este hijo?
Todo, supongo. No hay nada que me ponga más feliz que tener otro hijo. La gente
en general se desespera mucho: dice no voy a dormir. Pero incluso eso hay que
disfrutarlo, porque pasa rápido. Son tres o cuatro meses alucinantes. Después ya
dormís, y después ya no habla más a media lengua, y después ya crecen y... Hay
que disfrutarlo. Al lado de eso, el disco es una paparruchada.
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Los pájaros": el vuelo de su disco número tres
Los Pájaros cumple los objetivos que se trazó Vicentico: al escucharlo
por primera vez, todas las canciones suenan conocidas, y la mayoría invita al
baile. El mismo produjo el disco —en los dos anteriores trabajó con Afo Verde— y
compuso nueve de las diez canciones. La excepción es Ayer, de Daniel
Melingo. "No iba a hacer ningún cover, pero me encontré con Dani en la calle:
hacía años que no nos veíamos, y se nos ocurrió grabarla. Y armamos una pequeña
banda: llamamos a Flavio (Cianciarulo), y a Hugo Lobo y Walter Arricau, de
Dancing Mood".
Otro invitado célebre es Andrés Calamaro, en Felicidad. "Lo más lindo del
disco es que Andrés canta en esta canción. Pasamos un día de mucha felicidad
cuando la grabamos: estuvimos metidos en el estudio, y después nos fuimos al
Colón a ver Café de los Maestros con nuestras dos señoras gordotas, porque
Julieta (Cardinali) también está embarazada".
El corte de difusión es El árbol de la plaza, una bomba —"así se llama el
ritmo"— con destino de hit. La letra menciona que en orden estaba la casa/ pero
sin vida la plaza, pero su autor niega un tono político. "Habla de encontrar
retoños en nuestros corazones. Eso no tiene que ver con la política, que no es
el camino. El camino es el arte y la búsqueda de tierra fértil para florecer".
Dice que está vinculada a la siguiente canción, El baile: "Habla de lo
mismo, pero es más oscura y más cumbiera".
Una de las que más le gustan es Si me dejan: "Es una canción grosa,
impresionante (ríe). Dice que podés hacer de todo, hasta que algo imprescindible
te falta. En este caso, mi novia". La deuda "habla sobre un río perdido"
y está vinculada a la bella Desapareció, "pero ésta es más alegre, tiene
un toque de los Bee Gees". Las hojas "es simple, lo que tiene de groso es
que —como en otras tres canciones— Lucho González toca la guitarra". El
fantasma "es un corrido sobre fantasmitas".
En la última, Las manos, los teclados están a cargo de Florián, el hijo
de Vicentico, de 11 años, que había tocado el acordeón en Los caminos de la
vida. "Habla sobre algo a lo que podamos seguir. Ahora veo que de ahí viene
Los pájaros. Pienso en una bandada de pájaros, y en un primer pájaro al cual
todos siguen. A veces ocurre que todos nos juntamos y vivimos algo muy intenso,
como en un concierto. Esa es la posta de la vida; desde ahí hay que dar la
pelea".
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Cadillacs: "Algún día vamos a volver"
"En los recitales, siempre hay un grupo de inadaptados que grita ¡que vuelvan
los Cadillacs!", se ríe Vicentico. "Y es gracioso, salvo que sean muy
irrespetuosos". ¿En serio no le molesta el tema? Ahí va la obvia pregunta,
entonces: ¿cuándo van a reunirse Los Fabulosos Cadillacs?
"Tenemos la idea de volver algún día. Cuando dejamos de tocar había tensión,
porque el éxito genera mucha locura. Es difícil entender que te vaya muy bien
con algo: genera desde culpa a egolatrías, a la vez que placer y diversión. Pero
la tensión ya pasó, nos juntamos con felicidad y pudimos volver a grabar". Habla
de la versión de La parte de adelante que el grupo aportó al homenaje a Calamaro
editado este año.
Vicentico aún escucha los discos de LFC. "Me gustan: lo que logramos es muy
honesto. Hay cosas increíbles y berretas, y otras buenísimas y muy serias.
Paramos en un punto bien alto, y no lucramos con una despedida. Eso nos hizo muy
bien, y nos da la posibilidad de volver a juntarnos como si nada hubiera
pasado".
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El camino de la vida
Mariano del Mazo (mdelmazo@clarin.com)
En la platea del Nuevo Gasómetro o en un escenario con Ricky Martin. Vestido de
croto o como raro galán latino. Como erizo o como tierno padre de familia. Como
rocker o como fan de Roberto Carlos. Con ironía o sin ironía. Vicentico se
maneja feliz y liviano en la aparente contradicción. Su poderosa personalidad
absorbe toda dicotomía; las buenas canciones lo mantienen a salvo.
Dentro de no muchos años se va a recordar al rock como un género que tenía un
significado, una densidad. Y en esa evocación, estarán también quienes cruzaron
fronteras buscando el alcance popular con canciones sencillas y eficaces. Sin
género. Habrá que hablar de Vicentico, el artista que toma ritmos prestados del
cancionero latinoamericano. Apenas un buen músico que, con sabiduría e
intuición, aspira más al silbido anónimo que al bronce.
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Gaspar Zimerman
Sup. Espectáculos, Clarín
22/10/2006