Nota de tapa: Vicentico
A mi manera
Vicentico no puede estar más arriba: nadie cuestiona que salió airoso de la
separación de Los Cadillacs, su primer disco solista fue un éxito, viene de
cantar con Ricky Martin en los premios MTV, protagonizó Los guantes mágicos, de
Martín Rejtman, y acaba de sacar Los Rayos, su segundo disco solista que suena
en todo Buenos Aires. Sin embargo, no se la cree ni un poco. A días de su
presentación en el Luna Park, habló con Radar de todo con una franqueza
increíble: el mito del rock combativo, el verso del pop latino, sus sospechas
sobre la poca independencia del cine independiente, lo inconfundible de su voz,
el problemita con Chico Novarro y el beso que no le pudo dar a Ricky Martin.

Paseando por Corrientes, Florida o Lavalle, pronto se comprueba que se ha convertido en la banda de sonido de la ciudad llena de turistas. Por estos días Vicentico suena por todas partes. De todas las disquerías salen los emocionantes sones de “Los caminos de la vida” (la cumbia colombiana de Omar Suárez que abre el disco) que desde luego no son lo que nadie esperaba, o la sentida “Las armas” o la versión de “Tiburón” de Rubén Blades, que el propio Vicentico califica de viejazo antiimperialista pero que por eso mismo –por antigualla y por antiimperialista– decidió incorporar a Los Rayos, su segundo trabajo solista.
El próximo viernes y coronando una serie de conciertos que
viene dando en distintos puntos del país, Vicentico se sube al Luna Park.
Mientras tanto, suena en las disquerías y su cara sigue mirando fijamente al
techo en el afiche de Los guantes mágicos, empezando a darnos la pista de que el
hombre últimamente se ha estado volviendo muy popular, muy “cara conocida”.
Vicentico –arriesgamos la hipótesis– es popular y sobre todo respetado por la
gente. Querido y respetado. Se le concede haber sobrevivido bien a Los Fabulosos
Cadillacs, una de las grandes bandas que nos vienen acompañando desde los ’80,
tener una linda familia con Valeria Bertucelli y su hijo Florián (que además
toca el acordeón en Los caminos de la vida), ser un tipo próximo aunque a veces
parezca un poco hosco, recién levantado y no muy comunicativo. Vicentico,
además, es muy de barrio (nacido en Almagro, cuervo de alma) pero no ha hecho de
eso una estética: ni chabón ni cabeza. Ya van a ver cómo le revienta todo eso.
Vicentico se nos ha estado volviendo una voz inconfundible
(adjetivos posibles para su voz: arrastrada, cansina, fatigada, rasposa,
melancólica, rioplatense) y un cuerpo voluminoso que capta la atención de
quienes enseguida notan que es más bien un anticuerpo frente a los latinos
límpidos de cinturas cimbreantes y sensualidad dentífrica. Voz y cuerpo de
Vicentico le han ido dando un perfil curioso: mucho más simpático en privado que
en público, donde parece que siempre se guarda un resto para sí y es un poco
áspero. Quizá para que no lo fagociten del todo los escenarios, los medios y el
brioso espíritu del rockero combativo que tardará bastante en disolverse.
De todas formas, Vicentico no suele ser parco o egoísta para
hablar. En esta entrevista, sin ir más lejos, revela algunas intimidades con
Ricky Martin de aquella vez que cruzaron temas en los MTV Latinos (Ricky hizo
“Matador” y Vicentico “Livin’ la vida loca”), habla de Chico Novarro y el caso
del bolero irrespetuoso y explica por qué está tan enojado con los productores
de Los guantes mágicos que, según cuenta, lo demandaron por ser... poco
estrella.
Entre divertido e indignado, Vicentico reconoce que le gusta que lo petardeen
porque a él también le gusta tirar sus propios dardos. Por ejemplo, apenas salió
Los Rayos, los exégetas musicales se abalanzaron (no sin cierta lógica) sobre el
aspecto pop latino del disco producido por Afo Verde (el productor estrella que
ha puesto sus manos tanto sobre Divididos como sobre Bandana). No sin razón
dijeron que lo de Gabriel Fernández Capello es buen pop latino, un camino que no
desdeña el rock alternativo de los ’90, pero que lo mezcla con ritmos y sonidos
de otras latitudes y otras capas sociales. O sea, en general lo elogian pero
parece haber una velada amenaza de que si el músico ahora solista se va de madre
con el pop o lo latino, bueno, ya se sabe, tendrá su merecido. Cantar al lado de
Ricky Martin pudo haber sido un buen chiste, pero a veces los chistes pueden
volverse muy caros. ¿Hasta dónde quiere llegar Vicentico por estas rutas
inexploradas, estos nuevos caminos de la vida que no son los que el rock
nacional esperaba? ¿Se estará globalizando, entendiendo que un cantante latino
lo primero que debe hacer para globalizarse es latinoamericanizarse?
“Yo podría ser un artista diferente”, dice Vicentico. “Podría
haber hecho un disco diferente porque, de hecho, hay como treinta o cuarenta
canciones compuestas en este último período. Podía hacer un disco rock o un
disco pop. Elegí estas canciones porque, me parece, cada una tiene su par dentro
del disco. La cumbia ‘Los caminos de la vida’ la tenía grabada para el disco
anterior y al final no la usamos. Y ahora de manera inesperada se convirtió en
el principal tema de difusión. Es un poco anacrónico que grabe el tema de Blades,
es cierto. En realidad es muy anacrónico un tema sobre el imperialismo
considerado como un tiburón, pero me gusta que Blades sea tan certero para decir
las cosas. En realidad no importa tanto lo que digan sino que son temas fuertes,
pesados, con vida propia. A mí me incomodan un tanto los títulos de latino,
rioplatense, etcétera, etcétera. Yo entiendo que los críticos usan esas
etiquetas, pero no porque lo sepa no voy a aclarar que por lo mínimo es un gesto
torpe. Todos sabemos que lo único que hacen es sacar la cuestión de madre. No
aporta: achica, le saca gracia y sentimiento a las cosas.”

¿Sos consciente de que te fuiste convirtiendo en una voz y un cuerpo
inconfundibles? En lo que digo del cuerpo inevitablemente tengo que
particularizar en la panza a la que parecés enarbolar como una bandera.
–¡Yo no enarbolo nada! Antes de hablar de la voz, en principio podría hacer un
comentario con respecto a esto que sucede con mi panza: ¡qué fuerte que es que
alguien sea gordo como para que lo señalen sin parar! ¿A dónde hemos llegado? En
el verano me sacaron fotos en malla para la revista Gente sin preguntarme si
quería, y me hicieron una nota que en realidad nunca di, porque me hacían
preguntas y después pusieron cualquiera. Bueno, no importa. Decían que era un
romántico con unos kilos de más (nota de redacción: la nota empezaba diciendo:
“Menos rock, más música, menos silueta” y el epígrafe de la foto señalaba: “Un
grande bajo el sol”). Y bueno, estos tipos escriben sobre si tengo panza o no
panza. Me preocupa más el hecho de ser una figura muy reconocible, muy
identificable. Yo no sé si es inevitable. Hay algo en mí que me lleva a
exponerme. Tengo la opción de irme a la mierda y desaparecer, no actuar, no
exponerme, no hacer la promoción del disco o del recital en el Luna Park. Hay
algo de todo esto que me gusta. Me dan ganas de decir cosas. Me gusta que me
saquen en la revista diciendo que soy un gordo y yo después les digo que son
unos hijos de puta que me hicieron la nota sin permiso. Me gusta pelearme. Me
dan ganas de marcarles los errores a los otros. No sé si mi actitud es al pedo o
no. Lo que me interesa de verdad es sacar canciones y hacer los discos. Eso me
hace muy feliz de verdad. Ensayar por las tardes me hace muy feliz y también los
conciertos, más allá del cansancio.
¿Y acerca de la voz inconfundible?
–Todavía no me doy cuenta de si es así. Ni para qué sirve. Sería ideal que la
voz estuviera al servicio de lo que quiero transmitir con las canciones. La voz
será más latina o porteña, habría que ver. Hay voces que transmiten cosas y
otras que transmiten menos, aunque puedan ser más profesionales. Cuando se da el
caso de voces que transmiten, y además son cálidas y afinadas, como la voz de
Caetano, esas voces que, en fin, juntan todo, ya está. Andá a decirle a Caetano
que si hace rock latino o pop latino. Esa voz ya está por encima de todo.
¿Componer se fue volviendo algo especial para vos, además de cantar y estar
en el escenario?
–Compongo canciones desde que empezaron Los Cadillacs. Empecé a entender que
podía tener un oficio de compositor de canciones, en un punto paralelo al oficio
de músico. De hecho no hace falta ser un gran músico para componer canciones.
Claro que hablo de canciones populares y fáciles. Por eso el disco se llama Los
Rayos: es algo que cae, ilumina y no vuelve, algo que se evapora. Igualmente me
fui tomando el asunto de componer los temas mucho más en serio. En Los Fabulosos
Cadillacs hacíamos las letras como venía y de golpe una o dos salían bien. Pero
con el tiempo lo fui tomando con más calma. Descubrí que es muy entretenido
componer canciones. Se fue convirtiendo en un trabajo agradable: una vez por
semana me hago un tiempo largo para componer una canción.
Te voy a preguntar que pasó con dos personas: una es Chico Novarro; la otra
es Ricky Martin.
–Hablemos de Chico Novarro primero. El problema fue él. Hizo una argentinada. O
yo lo veo así, nunca lo hablé con él directamente. Yo grabé su canción “Algo
contigo”, y a partir de eso hizo un par de movidas judiciales. Hizo juicio a la
compañía. Su canción obviamente está registrada y ahí donde la pasen en
cualquier lugar del mundo él va a cobrar su plata. Lo que él quería era más
plata. Hizo un juicio a la compañía; la compañía le pagó 25 mil euros. Lo que él
aducía es que la versión no respetaba la original por el ritmo caribeño del
estribillo. Bueno: yo la hice con mucho respeto, no fue un chiste. Y si era un
chiste ojalá a mí me hicieran esos chistes todo el tiempo. Yo me enteré tarde de
todo esto porque en la compañía me lo dijeron cuando ya se había terminado el
pleito, supongo que porque saben que soy un boquiflojo. Cuando me lo contaron yo
herví. Porque no creo que sea algo malo lo que hice. Pero nada. Me pareció una
argentinada bárbara lo que hizo para sacarse un billetín más. Y hay más
entretelones. Quisieron la canción de Hellman’s para hacer la publicidad y,
cuando pidieron la autorización, él, que supuestamente no debería haberla
autorizado porque la versión le parecía irrespetuosa, lo autorizó igual. ¿Y de
Ricky Martin qué te puedo contar?
Te preguntaba por la crítica que generó que te juntes con un músico
comercial. Pero se me ocurrió preguntarte cómo fue el contacto, ya que a pesar
de ser tan distintos me parece bastante lógico que puedan coincidir en un
escenario.
–Para mí todo fue mucho más simple que esa cosa que se plantean en el rock
chabón, o cómo si yo fui del rock combativo me junto con Ricky Martin o Diego
Torres. Yo no me puedo plantear esas cosas porque me sentiría ridículo. A mí me
llamaron de MTV y me dijeron que estaban armando para el comienzo de la fiesta
de los MTV latinos que cada cantante haga la canción de otro. El cierre es Ricky
Martin cantando “Matador”. ¿Te interesa cantar una canción de él? ¿Cuál canción?
“La vida loca”. Al principio pensé que no iba a poder hacerlo, que no me iba a
salir. Pero después me pregunté cuándo iba a volver a tener la oportunidad de
hacerlo, de volver a freakear con eso: poder cantar “La vida loca” en el centro
de la porquería mundial. ¿Cuándo volvería a tener la oportunidad de cantar “La
vida loca” al lado de Ricky Martin? Obvio que me planteé hacerlo o no hacerlo,
porque sabía que se iba a venir todo el cuestionamiento del orto que se viene en
estos casos. Por otro lado tenía a Florián, mi hijo, sentado al lado y se lo
comenté: Me pidieron que cante una canción de Ricky Martin. Y él saltó
enseguida: Y claro, ¿cómo no lo vas a hacer? Y para colmo cuando le dije que era
en Miami me gritó: ¡Y cómo no vas a ir! Lo único que hice fue decir que sí o sí
iba con mi familia. Pero además te puedo contar algunas intimidades. En el viaje
de ida, en el avión pasaron lo del beso de Madonna con Britney en los MTV. Y ahí
me cayó la ficha. ¡Esta es la posta!, me dije. Bueno, en Miami finalmente nos
conocimos con Ricky. Él es una estrella total: llega a los ensayos con cinco
managers, autos, camionetas, todo. Nos presentamos y yo le dije: Ricky, me
parece que lo que tenemos que hacer vos y yo es darnos un beso en la boca cuando
termine el show. Y él (le imita la voz): Oye, sí, claro, que nos damos un beso,
buenísimo. Se fue... enloquecida. Bueno, se ve que se lo comentó a uno de los
managers que andaban por ahí y al otro día cuando nos volvimos a encontrar ya
era otra persona. Yo saqué un Tic Tac del bolsillo y se lo mostré: Mirá, para
tener buen aliento. Pero él no me contestó nada y a mí ya me pareció que había
cambiado la onda. Y bueno, finalmente no se hizo. No sé, no transó. Para mí le
hubiera hecho bien a él y hubiera estado buenísimo.
Y a vos cantar ahí con Ricky también te pudo servir para sacarte ese lastre
un poco pesado del rock nacional.
–El lastre del rock argentino lo vengo esquivando hace años. Yo no lo tengo,
pero te lo tiran a cada rato. Mi lastre se llama “rock combativo”. Una de las
cosas por las cuales hago estos discos tan (entre nosotros) “rock latino”, es
para tratar de que nos saquemos de encima ese horror de lastre. Muchos, pero
muchos buenos músicos de acá están atrapados en su gueto. Y no sólo los rockeros,
sino también los Cerati, los de la música electrónica que no se juntan con
aquéllos y así. Y estamos hablando de música. No sé por qué nos enroscamos
tanto, en otros países no pasa para nada, España no es así.
¿No es también el público o los públicos los que llevan a eso? La famosa
frase que dicen los oyentes cuando llaman a la radio, “No cambien”, es bastante
elocuente.
–Pero somos todos nosotros: el público, los medios, la música. El nombre Rock &
Pop es claramente demarcador de lo que van a pasar y lo que no. El público
adhiere a esas cosas y adhiere de modo estúpido y sin plantearse escuchar otra
cosa. Pero ojo que el aguante también tiene su mercado porque La Renga llena
River, Los Piojos llena Vélez. El aguante funciona, pero yo me pregunto:
¿aguante qué?, ¿qué es lo que se aguanta? El otro día por la calle uno me gritó
algo que me pareció lo más: Aguántese, Vicentico. Me pareció una nueva, genial.
¿Qué me tengo que aguantar? Quizás que me aguante a mí mismo. Pero no quiero
aguantarme.
Parece que esto sucede especialmente en el mundo de la música...
–No creas. En el cine también sucede. Entre los directores, los críticos. Cada
director espera con ansias la crítica del que sabe que va a hablar bien y del
otro que lo va a matar. Todo ese rollo de lo comercial o no comercial...
¿Sentiste que con tu actuación en Los guantes mágicos la crítica te mandó de
nuevo a la música?
–No, para nada. Me chupa un huevo además porque no soy actor. Lo de la película
de Martín Rejtman es extraño. Es una película independiente, pero los
productores ponen mi cara en el afiche y me pidieron que hiciera notas con
Indomables y hasta hice una nota con Intocables, algo que nunca había hecho en
mi vida. Es raro este país. Somos independientes porque se levanta la bandera
del cine independiente, pero hay que hacer la nota en Intocables. ¿Cómo es la
cosa? Y ahora los productores de la película me hicieron un juicio por 167 mil
pesos porque aducen que no hice las notas que debía, y que a la película le fue
mal porque yo no hice esas notas. Y yo laburé meses en esa película. ¿Sabés
cuántas veces me levanté a las cinco de la mañana para filmar? Puse mucho laburo
en esto, y también en Silvia Prieto, la película anterior de Martín en la que
directamente puse guita. Y voy y termino con un juicio. Cuando recibí la carta
documento no lo podía creer. Realmente estoy muy ofendido. Ya el hecho de ir a
la Justicia me parece espantoso. Es muy raro, o será ésa la mentira de la
independencia. ¿De qué independencia me hablan?
Me queda la impresión de que estás lleno de problemas. Lo único que falta es
que te haga un juicio Ricky Martin por no besarlo. O por haberlo querido besar,
no sé.
–Ese juicio se lo voy a hacer yo a él. ¡Me dejaste con los Tic Tac en el
bolsillo, Ricky!

Nota: Claudio Zeiger
Sup. Radar, Página/12
Agosto 2004