SECCION ENTREOJOS: VICENTICO
Los rayos mágicos



Con disco nuevo y película en cartel, el ex Cadillac habla de todo: rock, fama, familia, gobierno, cine, salud (mental), dinero y amor.

 

 

    Gabriel Fernández Capello está sentado en un confortable sillón azul en el living de la sala de ensayo. Lleva unos jeans grises y unas zapatillas marrones gastadas. Cada cinco minuto se arremanga la remera negra, en una especie de tic. Habla de su segundo álbum solista con un tono que en ningún momento busca conformar a su interlocutor. Tal vez por esa especie de carisma desganado, se me ocurre que es algo así como el Guillermo Barros Schelotto del rock. Las canciones de Los rayos llevan títulos como La libertad, Las armas, La verdad o El engaño. Dice que el listado es un "manualcito" que define sus principales ideas y obsesiones. Bueno, la charla también tuvo algo de eso. Así que ahí van, éstos son los rayos que atravesaron la entrevista de TXT con Vicentico.

    LA VOZ. "Hay épocas en las que no me gusta como canto, otras que sí. A veces siento que puedo transmitir, otras que no. Depende. Soy tan maleable conmigo mismo... También suceden cosas puntuales: puedo estar resfriado. Con los Cadillacs tenía que tocar sí o sí: he hecho recitales en un estado lamentable. Es un oficio, he ido aprendiendo con el tiempo. En este momento me siento bastante seguro de lo que hago, pero pasé por otros donde me sentía muy inseguro. A partir de que empecé a cantar solo tengo más lugar. Y armé las canciones pensando en eso, en que la voz salga para afuera."

    LA MÚSICA. "No sé si Los rayos es más rioplatense que el anterior. No lo pienso en esos términos. No escucho mucha música rioplatense, la verdad. Esto es lo que hago, no sé de dónde viene. Sí uso muchas percusiones, es un disco muy rítmico. Cuando estoy componiendo, me tomo mis horas para hacerlo. En general, las mejores canciones aparecen en lugares insólitos. Para éste compuse treinta, cuarenta canciones. Y es todo un período de mi vida en el que necesito inspirarme. Digo: 'Quiero sacar un disco para tal fecha'. Entonces, en los meses anteriores trabajo mucho. Esté donde esté. Estoy pensando todo el tiempo en lo mismo. Es un poco plomo, no puedo parar. Recién ahora estoy bajando del viaje de componer-grabar, componer-grabar. Es un proceso largo, entretenido y catártico. De mucha intensidad, de no poder dormir. En los últimos ocho meses estuve así, insoportable."

    LA BANDA. "Puede ser que en este disco esté más presente la banda que en el primero. Pero también llevamos más tiempo juntos. Y la banda suena. Hicimos tantos conciertos en dos años que cada uno de los chicos fue desarrollando su papel dentro del grupo. Y se sienten más parte de un proyecto. Eso es así. Se escucha. Vamos a presentar el disco en el Luna (viernes 13 de agosto), es una fecha importante. En un punto, es como el comienzo de algo. Pero, a la vez, tampoco es una presión ni nada: es un concierto más. Espero que podamos dar un batacazo con la banda, por cómo estamos sonando. Estuvimos haciendo conciertos muy potentes. Y tengo ganas de rockear, a nuestro modo, acá."

    LAS CANCIONES. "No sé muy bien qué tiene que tener una canción para que vaya al disco. De todas las que compuse elegí estas doce pensando en el concepto del disco, para que tenga un balance. Si bien cada canción es un mundo aparte, a la vez forman parte de un mundo más grande que es el disco. Tienen sus hermanitas. Cada una tiene su par, aunque sea una opuesta. Me gusta que haya un hilo conductor entre ellas. Capaz que en otro disco hago cualquier otra cosa. Pero en éste tuve todo el tiempo la sensación de que las canciones tenían que ver entre sí. A veces las elijo con Afo (Verde, productor) o solo. También escucho la opinión de Daniel (Buira, baterista) y de Walter (Chacón, ingeniero de sonido). Una vez que está en el disco, llegó a su destino: alguien la va a escuchar. Tal vez no sea súper conocida ni nada, pero algunas con el tiempo se convierten en algo sólo porque la gente las fue escuchando. Ésas me gustan mucho. Por ejemplo, Vamos o Todo está inundado del primer disco."

    LOS RAYOS. "Me gusta la idea de Los rayos. No tiene un sentido que pueda ser pensado. Las cosas que me gustan tienen que ver más con un conocimiento oculto de las cosas. Son simplemente ideas o imágenes que tiñen al disco. Uno dice 'los rayos' y cada cual se imagina lo que quiere. Cada persona tiene una idea diferente de las cosas. El gusto es algo subjetivo. Por eso estoy seguro de que no soy quién para hablar de 'la gente'. Cuando alguien compra un disco o va a un concierto, lo que está haciendo es algo totalmente personal. Todo lo que le suceda tiene que ver con su propia vida, con su propia historia. Eso es lo que tienen de lindo la música y los conciertos. Hay un montón de subjetividades mezcladas que hacen que todo sea explosivo, cuando se unen en un punto y se producen esos momentos donde todo es una gran emoción, una gran catarsis. Es grosso, tiene que ver con algo que pasa y que no tengo muy en claro qué es."

    EL HIJO. "Florián escribe títulos para su banda o para una que alguna vez existirá. Y Los rayos era uno de los que tenía. Grabar con él (toca el acordeón en Los caminos de la vida) fue tan natural que pareció no tener ninguna importancia. Si fuese una cuestión de cariño cotidiano, es preciosa. Pero que haya un niño tocando en un disco y que ese niño sea mi hijo, me encanta. Tiene 9 años, para él la música es simplemente un modo de jugar. Es la mejor Playstation que existe: podés hacer lo que se te canta el orto. También lo es para mí. Y a veces jugamos juntos."

    LA VERSiÓN. "Los caminos de la vida transmite un sentimiento. La primera vez que la escuché fue en México, en el bar de una plaza de pueblo. Había una vitrola y unos viejos que tomaban pulque lo pusieron ochenta y cinco mil millones de veces. Y me quedó, me taladró el bocho. Muchas veces pensé en tocarlo con los Cadillacs. De hecho, el otro día me encontré con Flavio (Cianciarulo) y me dijo: 'Vos ya rompías las bolas con ese tema hace diez años'. Había conseguido una versión en casete pero era instrumental. Después lo bajé de internet. La canción transmite un sentimiento muy difícil de explicar, pero a la vez es muy clara, muy precisa. O sea: es imposible que no me emocione cuando la escucho."

    EL ROCK. "La verdad, no me importa si quedo como rockero o no sé qué. Entiendo que, más allá de estos títulos que me parecen bastante tontos, hay algo que sí tengo y que es como la escuela de rock. Así soy yo. Somos un grupo de gente capaz de muchas cosas en el escenario, de no tomarnos nada en serio. Y a la vez ser serios en cuanto a hacer conciertos que te patean. Lo que a mí me gusta del rock es eso. No me puedo olvidar de su potencia, porque todavía la sigo sintiendo. Eso que tiene el rock y que a todos nos vuelve locos. Escucho cosas que me hacen vibrar, no sé qué son. Y en vivo sé que logro eso. Cuando se razona si tal cosa es rock o lo otro, me parece una estupidez. Es mucho más amplio. Después de estar con Diego Torres o con Ricky Martin dicen: 'Vicentico se posicionó como un músico de pop latino'. No hago las cosas para posicionarme o dejar de hacerla. Eso sucede con los que quieren ponerse la caripela del pop o del rock. En el fondo son hipócritas, reaccionarios. Me dan risa. Como si para salir de esto ahora tuviera que tocar con Iorio y hacer iiiHuaaahhhh!!! Si es por eso, me importa un carajo."

    LA FELICIDAD. "Soy feliz habla de la felicidad como hazaña, como una de las tres o cuatro cosas fundamentales en la vida. Habla de la felicidad sin la razón: el cuerpo viviendo, trabajando y en guerra, también. El alma llorando, en un punto, también es la felicidad. Es vivir. A mí me pasa con pocas cosas, pero que suceden seguido. La situación de compartir momentos con un hijo o con la familia, en los que uno no está pensando en nada. Es como si fuera un animal que solamente siente empatía con su hijo animal o con su mujer (se ríe). Soy feliz sin darme cuenta. Y hay imágenes que no puedo olvidar: ver a mi hijo despertarse cuando tenía un año o dos, en la mitad de la noche y con la luna dándole en la cara. Quedás como flasheado, es como ver a Dios. De verdad (se ríe). En esa belleza estás viendo lo que es la vida en realidad. Lo mismo cuando estoy tocando y la música sale sin freno. O cuando juego al fútbol y no pienso en nada más que en la pelota. O estar abstraído mirando una película, un cuadro o un atardecer, lo que sea."

    LA MUJER. "Fue muy relajado, muy lindo poder trabajar con mi mujer (Valeria Bertucelli) en una película como Los guantes mágicos. No tuvo nada de raro ni de complicado. Todo lo contrario: nos pone en un buen punto, porque nos respetamos mucho. y tenemos muy claro que es un lugar donde no llevaríamos nada malo. Obviamente, somos una pareja como cualquiera, discutimos y todo eso. Pero es tan fácil para una pareja ir a pelearse a un set de filmación... Tan fácil y tan poco inteligente, que nos tratamos con inteligencia y tuvimos momentos agradables. Lo hicimos bien, creo."

    EL ACTOR. "Mi parte de actor tiene más que ver con el escenario que con el cine, porque hice muy pocas películas. Por más que estés haciendo música, estás actuando. Estás haciendo algo para tener empatía con otras personas. Al tener en claro eso, también puedo actuar en otros ámbitos. Creo que la actuación tiene que ver con la justeza, con no pasarse de rosca ni hacer de menos. Tengo bastante intuición para decir: 'Si lo digo más exagerado no se va a creer, si lo digo menos tampoco'. No tengo vicios actorales, eso de querer transmitir... Soy la persona que me exige ser el guión. Para Los guantes mágicos empecé por saberme de memoria todo lo que tenía que decir. Después elegí la ropa para que este pibe pueda caminar por la calle con tranquilidad. No me sentí en la cabeza del personaje, pero sí sentí que estaba haciendo a este tipo. Hay algo que pienso: no hay otro modo de hacerlo. Si uno llega a ese punto, le es fácil. Martín (Retjman, autor y director) escribe de un modo que me gusta mucho, pero pueden venir otras películas. Me encantaría hacer, no sé, de todo... Terminator, Maradona. Pero tendría que entender al que dirige, y él me tendría que entender a mí."

    LOS CADILLACS. "Sinceramente, no puedo decir si es una etapa cerrada o no. Porque aunque hoy pueda sentir que sí, mañana puedo despertarme y tener ganas de seguir. Es tan ambigua la sensación, son tantos años de trabajo juntos... No creo que ninguno de los chicos pueda decirlo tampoco. Con algunos tengo más trato que con otros, pero era lo mismo cuando estábamos juntos. No extraño mucho del grupo, lo que puedo extrañar es la excitación que produce salir todo el tiempo a cazar, como los indios. Esa cosa de juntarse los hombres para ir a laburar, de gira. Pero el cambio me hizo bien, cambié mi visión de mí y de los demás. En los Cadillacs cada uno tenía una visión muy acabada y terminante de la otra persona. Era difícil sacarse eso de encima. y yo era el cantante. 'Ah, sos el cantante, entonces no sé qué cosa...' Todos se creen eso, cuando ni en pedo es así. O sí es así, pero igual hay que luchar con eso."

    LA FAMA. "Tengo días en los que no me molesta. A veces me siento bien cuando alguien pasa y me saluda, o por ser conocido en el barrio. Pero hay momentos en los que no puedo creer lo que me pasa, es una tortura. Estás parado en la cola del banco y la vieja de al lado empieza 'Eeeh' y después el de adelante y el de más adelante. Y una vez que terminaste de firmar autógrafos, la cola sigue, quedaste ahí paradito, están todos mirándote y decís: '¿Por qué me pasa esto?'. Y te contestás: 'Porque me lo busqué'. Entonces pensás: '¿Para qué me lo busqué?' (risas). Todo un rollo... Supongo que lo mejor es no darle mucha bola."

    EL PAÍS. "Me llevo como se lleva todo el mundo: con la misma bronca, el mismo miedo, el mismo odio. Y miles de pensamientos muy contradictorios. Por momentos siento que todo es una mierda y puteo contra este país de mierda y digo 'cómo puede ser, me voy a otro lado, estoy para otra cosa'. Quiero ver a la gente de otra manera, que todos seamos diferentes. Y eso no sucede. y es frustrante. Por otra parte, no tengo la fórmula de nada. A veces no acuerdo con nada de lo que pasa. Ni con el gobierno ni con los piqueteros. Somos un país tan enroscado que no da para tratar de explicar lo que pensás, porque hay tanto tole-tole que los dichos son calificados instantáneamente. Es muy hipócrita todo. Muy muy muy, tanto que creo que es el grave problema que tenemos. Somos un país con problemas grossos de identidad, de querer quedar como lo que no somos. Siempre fue así. No sé qué nos pasaría si fuéramos sinceros. No sé por qué le tenemos tanto miedo a la sinceridad."

 

Nota: Juan Andrade

Fotos: Nora Lezano

Julio 2004